La deriva hacia la mezquindad
La crisis nos ha afectado a todos, eso es un hecho, y salvo algunos pocos privilegiados creo que la mayoría no nos hemos librado de sufrir sus consecuencias, aun incluso en el caso de los que seguimos manteniendo nuestro puesto de trabajo.
Pero hay algo que, pese a que ya era un mal endémico del sector en el que trabajo, el de la comunicación, empieza a preocuparme (y molestarme) cada vez más. Todos somos conscientes de que las cosas tienen un precio y a nadie le extraña que un Mercedes Clase C sea más caro que un Peugeot 207 o que una casa de 200 m2 en primera línea de playa cueste más que un pequeño estudio en las afueras. Los ejemplos serían ilimitados, aplicados a ropa, alimentos, ocio…y cada uno de nosotros optamos por unas cosas u otras en función de nuestro presupuesto o poder adquisitivo. ¿A quién se le ocurriría organizar una mariscada y decir al restaurante que solo puede pagar el equivalente a unas cervezas? ¿O reservar un viaje en un resort de lujo y pretender pagar lo mismo que en una pequeña pensión? Bueno, pues aunque parezca increíble en comunicación esto es cada vez más común!!
Y que conste que, hasta la fecha, tengo la suerte de seguir trabajando con empresas serias y responsables en este sentido. Soy un afortunado. Pero me voy dando cuenta de que empiezan a ser la excepción. A mi alrededor cada vez me encuentro con más situaciones en las que se piden campañas completas de comunicación (incluyendo los tan de moda “medios sociales”), con amplios equipos, total disponibilidad y mejores resultados (claro). Y todo ello a precios irrisorios, con el convencimiento de que por pagar un fee mínimo y “tener agencia” se obtenga derecho para todo. Es como si en un restaurante pagáramos una cerveza y -por el hecho de considerarnos clientes del local- nos creyéramos con derecho a servirnos una “barra libre” de forma gratuita. Sería absurdo.
Todo este circo solo se sostiene si ponemos un poco de cordura entre todos. Somos un sector de servicios. Aquí no se paga por “productos”, se paga por el trabajo intelectual de personas y equipos y eso supone tener que asumir unos sueldos (no altos, pero si al menos dignos), que permitan tener buenos profesionales que lleven a cabo un buen trabajo. Si llega un momento en el que lo que facturamos apenas da siquiera para pagar a la gente…qué sentido tendrá todo esto salvo la definitiva apuesta por la mediocridad.
Escrito por Juan Carlos Alonso
Licenciado en CC de la Información por la UCM y Master en Comunicación de Instituciones Públicas y Políticas. Mi camino por este mundo de las relaciones públicas me ha llevado por Grey Trace, Izquierdo Beaumont&Bennet y Perception&Image. Actualmente soy Account Director en Text 100.¿Te ha gustado el contenido? te invitamos a compartirlo.
Estas son opiniones personales de diferentes profesionales de las RRPP, no estan vinculadas en modo alguno a la opinión de las empresas para las que trabajan.
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¡Tío, has estado sembrado! Estoy 100% de acuerdo contigo. Lo que no se es como, más allá de las fronteras de mi propia empresa ponerle el cascabel al gato.
Muy cierto, quizá necesitaríamos que nuestro sector se solidarizase y luchase por mejorar sus condiciones!
La verdad es que teneis razón en que ya es dificil muchas veces hacer algo dentro de nuestra propia empresa, como para tratar de hacerlo fuera de nuestras fronteras, como bien dices Jorge. En fin…confíemos en la solidaridad de la que hablas, Paca…y si no funciona, por lo menos no dejemos de quejarnos!