Ante todo, quiero agradecer la ocasión que se me ha dispensado de poder compartir con todos mis opiniones sobre, especialmente, el delicado mundo de la Responsabilidad Social Empresarial, o Corporativa, a elegir. En el momento actual, donde la economÃa y la polÃtica van de la mano hasta el punto de que se ha producido la disolución de los resultados electorales de al menos dos sólidas democracias por la cuestión financiera, los compromisos socialmente responsables de los gobiernos son escasos, en especial, los de los paÃses mediterráneos.
Aunque la palabra Empresarial define, como bien se puede suponer, a las empresas, no es menos cierto que las administraciones públicas tienen clientes, trabajadores, proveedores, créditos, riesgos reputacionales y medioambientales, etc. Es decir, que funcionan como empresas pese a que la elección de sus presuntos comités de administración difiera de las prácticas empresariales. Ante esta realidad, y sin discutir el evidente poder de las compañÃas privadas en la vida cotidiana de todos, es muy lamentable la falta de compromiso, voluntad, desarrollo, inquietud y fomento que las administraciones públicas hacen de la RSE.
De hecho, los esfuerzos de la Unión Europea van más hacia la regularización que hacia el establecimiento, y paÃses como España divagan en un océano de incertidumbre, falta de información y sectarismo sindical que, en el caso de la RSE, no tiene ninguna relación con lo que verdaderamente persigue este concepto. Por todo ello, no debe extrañar que mientras Suecia, Alemania, Holanda, Reino Unido, Singapur, Canadá y tantos otros paÃses redactan libros, manuales y documentación general sobre estas cuestiones, ninguno de los dos candidatos principales y escasos de los segundones a la presidencia del gobierno español hayan mencionado, casi ni de pasada, sus aspiraciones en torno a la RSE.
Posiblemente con más responsabilidad se habrÃa afrontado esta crisis de otro modo: ni las familias, ni las empresas ni los administraciones funcionaron con buenas prácticas ni transparencia. Se miran con esperanza los cambios que supuestamente la vieja Europa va a acometer por el bien de sus ciudadanos, pero se comienza con manipular los resultados de algo tan sencillo y transparente como son unas elecciones. Quizás en España no haya tantas sonrisas si, dentro de seis meses, la Unión Europea recomienda y fuerza la salida del presidente de turno. ¿Dónde estarÃa la Responsabilidad?
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