Andan los tiempos tan revueltos entre la prima de riesgo, los PIBs decrecientes y las reformas gubernamentales de cada viernes, que aprovechamos cualquier arista en el currículo; cualquier clavo ardiendo para agarrarnos a él y tratar de encontrar un ingrediente secreto que nos asegure cierta prosperidad futura… Y pensamos que el futuro será más plácido si tenemos el master & Johnson del Community Manager, hemos conseguido dominar el difícil mandarín si es bajito y se deja o hemos sido invitados a ese selectísimo evento de networking donde encontrar, a partes iguales, emprendedores sin empresa y profesionales sin profesión.
Y se nos olvida a menudo que es la actitud el valor diferenciador en la relación con nuestro entorno. Que mil masters no valen un pedo comino si adoleces de la actitud apropiada ante tu profesión. Resumo aquí unas calidades que considero esenciales para ser un ejecutivo de agencias -como dcie Mourinho-, auténticamente top.
1. Tú no eres importante. Ni tu jefe. Lo es tu cliente y su marca. Siempre.
2. Si eres más inteligente, más alto, más guapo, hablas mejor inglés y te equivocas mucho menos que tu cliente: ¿Por qué él/ella maneja presupuestos más grandes, gestiona más profesionales que tú y -a veces-, trabaja en marcas más potentes que la tuya? Ten perspectiva.
3. Estás para ayudar y para dar valor. No para que tus informes te queden niquelaos.
4. Olvídate de los horarios. Tu cliente sabe que eres un crack. ¿Trata mal el Barsa a Messi? ¿Y el Madrid a Cristiano? Cuando haya una final, querrá que estés a tope. Independientemente de la hora. Y cuando no, pues a descansar.
5. Soluciona los problemas, no los crees.
6. Sé sincero en tus juicios y opiniones.
7. Haz crecer a tu cliente. Si tu cliente crece, crecerás con él. O gracias a él. Si es desagradecido, te habrás llevado una experiencia muy útil y además te habrán pagado por ello.
8. Llega donde no llegue tu cliente. Porque no sepa, no pueda o no quiera. Eres un explorador, sí,
9. Camina un paso por delante de sus necesidades. Tu cerebro trabajará como nunca. Tu corazón te agradecerá una vida con menos sobresaltos.
10. Manten la calma. Una mente clara toma buenas decisiones.
¿Se me olvida alguna?
En el tiempo que llevo trabajando como proveedor de servicios de comunicación he visto de todo en materia de relaciones comerciales. Llámeme neurótico, apreciado lector, pero es en la primera reunión con cada reciente cliente -esa primera reunión una vez que te ha comunicado que acepta tu menguado precio y te contrata-, en la que me llegan las primeras pistas de si la relación va a durar y ser satisfactoria o si estamos ante una aventura de fin de semana.
Aquí dejo 5 frases que, en boca de tu cliente, te avisan de que vuestro amor no será posible (a largo plazo, al menos):
1. Creemos en las relaciones a largo plazo. Que suele significar que te han fichado por los pelos, que hay alguien a quien no le acabas de convencer, que dudan de si el presupuesto merece la pena y que a la primera cagada, puerta.
2. Somos una compañía sólida. Se traduce en un “Noseporqué pero llevamos tiempo palmando pasta y no nos llega la camisa al cuello”. Si hace negocio en países serios donde se persigue y castiga el impago a proveedores como España, Sudán, Libia o Kazajistán, exiga los pagos por adelantado. La opción B es visitar la iglesia, mezquita, sinagoga o templo budista más cercanos y confiar en que sus ruegos sean escuchados.
3. Tenemos un negocio/producto/servicio revolucionario. Estimado emprendedor: haberse juntado con dos colegas y haber cubierto una mesa con botellines vacíos para desarrollar una idea genial no le convierte en Steve Jobs. Las start-ups suelen nacer en Sillicon Valley. También en muchas otras partes del mundo. Por detrás suele haber: fondos, un plan de negocio y un presupuesto para relaciones públicas.
4. Si este mini proyecto sale bien, os contrataré un retainer anual en 7 países. Haga lo que haga, el proyecto nunca saldrá bien, créame. Lo cierto es que no hay presupuesto internacional y se prueba a ver si suena la flauta. Ármese de paciencia, implique a su ejecutivo más flemático, pida el dinero por anticipado y presente un informe de resultados DPM.
5. Es un retainer bajo, pero se puede crecer con proyectos adicionales. ¿Ha comprado alguna vez un automóvil de lujo? ¿Conoce a alguien que lo haya hecho? Hay un grupo de consumidores que prefieren un BMW con lo básico en equipamiento, que un Volkswagen con todos los extras. Estamos ante uno de esos casos. La relación puede durar pero bienvenido a una partida de Siete y Media, donde la sota, el caballo o el rey son imprescindibles para ganar.
¿Y usted? ¿Ha detectado otra de estas frases-trampa?
Estas semanas he tenido la oportunidad de hablar con colegas de esta profesión. Tanto de mi empresa a nivel internacional como de mi entorno competidor más cercano.
La sensación común que tenemos los que operamos en el sur de Europa es que “No está tan malita la cosa. ¿verdad?”. Nos da como un poco de yuyu sacar pechitopaloma, no vaya a ser que nos lo hundan a perdigonazos así que lo decimos por lo bajinins. No son los tiempos de antaño (¿Cuatro años?) pero sin duda las cosas pintan mejor de lo que:
(A) Muestran los medios de comunicación patrios y extraños.
(B) Reflejan los informes de fondos monetarios, sesudas consultoras, bancos de inversión y demás organismos de control supranacional.
Supongo que los lectores más jóvenes no tienen como referencia cinematográfica la -a mi juicio-, gran peli The Omega Man, protagonizada por Charlton Heston, en la que el protagonista es el último superviviente de una catástrofe que asoló la Humanidad. El tío debe afrontar su soledad y tal, pero conduce el coche que se le emperejila (llega al concesionario y, como no quedan humanos, se lleva el buga más chulo), calza el rifle más largo de la comarca, se permite el lujo de abrir un cine solo para él y en ese plan. Otros lectores -menos maduros-, tal vez relacionen la historia con su remake Soy Leyenda, protagonizado por Will Smith. Los más entendidos sabrán que éste es el tercer remake de una peli original que ya protagonizó Vincent Price en los 60.
El caso es que creo que sufro de síndrome del Omega Man. Ya advierte el dicho que cuando baja la marea se sabe quien está en pelotas y parece que estamos en el caso. De un tiempo a esta parte recibimos más demandas por parte de nuevos clientes que nunca (a ritmos parecidos a los de 2008) y aunque los honorarios propuestos se han reducido, hay una clara voluntad en las empresas por seguir haciendo negocio (pequeñito; prudente; con pies de plomo).
Así que no es que pueda tener el buga que quiera pero vamos; que hay temita. Tal vez sea el momento en que las empresas contratadoras -más conscientes de los costes de sus inversiones que nunca y más necesitadas de no fallar pues se juegan el bigote-, prefieran al Último Hombre Vivo (sano, se entiende) que a ciento volando.
La otra similitud con Heston, Smith o Price es que tenemos que estar siempre atentos ante las eventuales colmenas de vampiros-zombis-mutantes que, en su afán por sobrevivir (aún no se han enterado de su propio fallecimiento) nos acechan cuando cae la noche. Aducen que hacen de todo; que valen para un roto y para un descosido; que la carne pútrida les alimenta bien y que, en efecto, están determinados a acabar contigo como sea.
Habrá que estar ojo avizor. Ni que decir tiene que The Omega Man (o el Soy Leyenda de la novela sobre la que se basan todas estas películas), acaba como el rosario de la aurora. Con el prota crucificado o inmolado. Y con la Humanidad en vías de salvación. Lo dicho…
Las últimas semanas han sido fréneticas en la agencia. Llevamos ya varios meses compitiendo y presentando propuestas y no podemos decir que el sector esté paralizado. Existen oportunidades de negocio y es cuestión capital aprovecharlas.
Cada vez que pasamos por un periodo así se producen dos efectos en los equipos:
1. Si ganas una proporción interesante de esos concursos, el equipo se refuerza junto con su autoestima y por unas semanas, todo parece posible.
2. Si pierdes la mayoría de los concursos, piensas que no vales para nada, que algo haces mal y que o tu agencia o tu profesión (o tú mismo) no tenéis futuro alguno.
Paradójicamente -ganes o pierdas el concurso-, tu trabajo de servicio a cuentas sigue siendo igual de bueno o de malo.
Aquí comparto algunas claves que sirven para ganar esas fases finales de los concursos de agencias:
1. Busca la empatía con tu interlocutor (y con tus compañeros). Si el decisor se siente cómodo a tu lado, querrá trabajar contigo, ¿no crees?
2. Se una fuente de energía. Si eres capaz de demostrar que crees en lo que haces (y en lo que puedes hacer), te estarás poniendo al frente del carro. De eso se trata cuando se elige una agencia de PR, no? De que ayude a una marca a enamorar; a convencer.
3. No te ocultes (esto va para los profesionales más jóvenes). Mejor pedir perdón que permiso. La segunda duda que se plantea una persona a la caza de una agencia es: ¿Cómo se comportará mi ejecutivo; mi equipo de trabajo diario? Si eres insípido, incoloro y no tienes olor, difícilmente pagarán por tí más que por un vaso de agua del grifo.
4. Se visual. En tu presentación (usa grandes imágenes, vídeos, animaciones) y en tu actuación. Cuanto más visual seas, más entretenido. ¿Has renunciado a algo que te resultase entretenido? ¿Aparte de Gran Hermano?
5. Esfuérzate por conocer el mercado de tu potencial cliente. La mayoría de las agencias concentran toda su energía en coleccionar ideas creativas que presentar ante el prospect. Asúmelo: muchas serán comunes a las de tus competidores. Así que el efecto sorpresa será limitado.
6. Visualiza el desarrollo de la futura campaña (y explícalo, claro). La ortodoxia nos dice que hay que meter un calendario de acciones en cada plan de comunicación. El objetivo de esto no es colocar tácticas en el tiempo sino mostrar el camino de desarrollo de la marca.
7. Convierte el concurso de belleza la presentación en una sesión de trabajo con tu cliente. Si se involucra y notáis que habéis invertido una o dos horas en su marca, sabrás que has comenzado a trabajar para ella.
¿Qué te funciona a ti? ¿Algún consejo adicional?
Hace tiempo que trabajamos con clientes en las redes sociales. Como la experiencia de servicio no es extensa en el mercado (ninguna empresa conoce todavía qué modelo de negocio les asegurará los ingresos futuros, en caso de abordar correctamente los servicios externalizados en medios sociales) ofrecemos diferentes modelos y tipos de servicio en función de la necesidad de cada cliente.
Unos nos piden que gestionemos por ellos diferentes canales de la organización en redes sociales como Twitter o Facebook mientras que los más avanzados buscan en LEWIS la creatividad y consultoría necesarias para sobresalir en el mercado.
El caso es que casi todos nuestros clientes solicitan -antes o después-, la formación necesaria para poder gestionar ellos sus canales sociales. Hay modelos en los que el Community Manager trabaja físicamente en las instalaciones del cliente aun a sueldo de la agencia, mientras que en otros casos es el propio cliente quien decide, pasado un tiempo, incorporar en plantilla a un Community Manager. En apenas cuatro años he conocido todos estos casos. Y en estos cuatro años he visto cómo proliferaban los cursos de Community Manager -algunos, a razón de 79€; vete tú a saber qué aprendes-, y cómo aumentaban los curriculae que prometían la formación necesaria en este pujante área de experiencia.
No querría ser aguafiestas pero me temo que los servicios de Community Manager -como función especialista vinculada al departamento de comunicación o marketing-, tienen fecha de caducidad, como los huevos del Mercadona. Cuando hay carencia de conocimientos en el mercado, la externalización de este tipo de servicios es buen negocio para el contratante -no debe decidir si crea un puesto de trabajo sino simplemente buscar algo de presupuesto adicional-, y para el contratado, capaz de proporcionar un servicio con un margen saludable. Cuando tu cliente se rueda, el conocimiento (básico) se democratiza, las comunicaciones se aceleran y los márgenes se estrechan. Y tal vez ni a una ni a otra parte les interese seguir así. Y tan amigos.
El reto para nuestro negocio como agencias -y para nuestra profesión-, es mantenerse en vanguardia. Investigar. Intentar cosas nuevas y crear un entorno amigable para que nuestros profesionales sean creativos, arriesgados y se doten del conocimiento necesario para que su consultoría sea útil para sus clientes. Que sean capaces de blindar a su cliente ante los cambios futuros.
¿Estás pensando en realizar un curso de Community Manager? Bien pero no esperes ser algo más que carne de cañón. El equivalente a la teleoperadora dentro de unos años. ¿Comunicador de crisis en redes sociales? Sí, sin duda. ¿Gestor del Talento mediante Social Media? Mola. Community Management is dead. Al menos, tal y como se vende hoy en día. Al menos, de aquí a unos años.
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