Artículos en " Críticas "
Escrito por Juan Carlos Alonso el 28 noviembre, 2011

Aunque lo parezca, no es una pregunta de fácil respuesta. Durante los últimos años, estamos siendo testigos del imparable aumento en el número de campañas de comunicación y publicidad en las que todo tipo de empresas comparten con sus públicos (consumidores, usuarios, accionistas, empleados) las últimas iniciativas que han llevado a cabo para hacer de este planeta un mundo mejor, más limpio, ecológico y solidario.

La ética de la responsabilidad social se ha convertido en uno de los principales reclamos comerciales y es un factor clave para dar forma a la imagen corporativa de una compañía. Pero, ¿es auténtico todo lo que se nos cuenta? Y en el caso de que no lo sea, ¿influye realmente en la decisión de compra de los consumidores?

Hemos podido leer noticias de campañas publicitarias supuestamente engañosas sobre “energía verde” o críticas vertidas a diferentes empresas por su supuesto uso de mano de obra infantil en fábricas de países orientales. ¿Han influido estas noticias en la decisión de compra de los consumidores? Como decía anteriormente, la respuesta no es sencilla. En justicia, debería depender, ante todo, de la veracidad de las supuestas irregularidades, ya que nadie debería pagar por algo que no ha hecho. Pero en caso de que todo fuera cierto, quiero creer (y aquí expreso una opinión personal) que debería influir, aunque la vertiginosa dinámica del mercado y la tiránica evolución de la “agenda de los medios” acabe por “engullir” todo aquello que no sea de máxima actualidad.

Desde el punto de vista comunicativo la estrategia es muy clara. Es importante compartir con nuestros públicos todos nuestros esfuerzos por colaborar con el entorno pero sin olvidarnos de unos factores clave: transparencia, honestidad y confianza. Lo que no responda a estas tres premisas acabará, a medio o largo plazo, provocando un efecto contrario. Además, si queremos ser auténticos, no basta con apoyar financieramente ciertas iniciativas solidarias, comunicarlo y mirar para otro lado, satisfechos. Es necesaria una implicación real, que suponga la participación activa en proyectos humanitarios y que impregne a la política de la compañía. Y esto es válido tanto desde el punto de vista empresarial como personal, ya que la búsqueda de ese mundo más limpio, ecológico y solidario empieza y acaba en todos y cada uno de nosotros.

Categorías: 2.0, Agencias, Críticas, RSC
Escrito por jorgelopezmc el 7 octubre, 2011

Hace unas semanas probé twentyfeet que, según sus creadores, es un servicio de “egotracking”. Algo así como un servicio de seguimiento de nuestro ego en redes sociales.

La herramienta mola. No hace magia ni te aporta una inteligencia deslumbrante pero te permite compendiar en un sencillo cuadro de mandos tus actividades en las principales redes sociales y monitorizar graficamente tus resultados. Básicamente, te permite agregar en un solo sitio las métricas que tienes repartidas en los diferentes canales de medios sociales que administras: Twitter, Facebook, Youtube, bit-ly y Google Analytics.

Imagen de previsualización de YouTube

Algunos dirán que no les aporta nada. Pero cuando la productividad y el aprovechamiento del tiempo para dar buen servicio resultan claves, este tipo de herramientas pueden liberar un par de horas al mes que podemos aprovechar para pensar, crear o desarrollar otras actividades en nuestro día a día. Además, el servicio es muy baratito (menos de tres dólares anuales) y nos permite probarlo gratuitamente durante 30 días.

Categorías: Críticas
Escrito por Juan Carlos Alonso el 9 junio, 2011

Son ya muchas las ocasiones en las que hemos oído eso de que “tenemos que darnos por afortunados por tener trabajo”. Y es verdad, no quiero decir que en el fondo no esté de acuerdo con esta afirmación, teniendo en cuenta la que está cayendo. Incluso puedo presumir de trabajar en una empresa que paga sueldos situados en un rango medio-alto para el sector en el que nos movemos y todo ello me debería aportar esa placidez propia de quien se siente justamente tratado. Pero una cosa no quita la otra. No debemos dejar que los arboles nos impidan ver el bosque.

Lo que constituye sin duda un hecho vergonzante es la continua deriva de un sector, el de la comunicación, que salvo contadísimas (y dudosas) excepciones, se mantiene en esa misma caída libre en la que ya están inmersos muchos otros, desde el periodismo, al colectivo científico o incluso a muchas ingenierías hasta hace poco bastante mejor valoradas. El problema no son los sueldos altos o bajos que nos pagan cada una de nuestras empresas, sino las bandas salariales comúnmente aceptadas (en España) para nuestros sectores. Al final todo responde a la (triste) valoración que se hace del trabajo que hacemos y de lo que los agentes sociales y económicos están dispuestos a pagar por lo que ofrecemos.

Sé que está muy de moda eso de estar “indignado” pero es que cada vez me cuesta más abstraerme de la realidad. Estar entre los más afortunados del gran colectivo de los desafortunados no debería bastarnos.

Categorías: Agencias, Críticas, Gestión
Escrito por Juan Carlos Alonso el 28 abril, 2011

La crisis nos ha afectado a todos, eso es un hecho, y salvo algunos pocos privilegiados creo que la mayoría no nos hemos librado de sufrir sus consecuencias, aun incluso en el caso de los que seguimos manteniendo nuestro puesto de trabajo.

Pero hay algo que, pese a que ya era un mal endémico del sector en el que trabajo, el de la comunicación, empieza a preocuparme (y molestarme) cada vez más. Todos somos conscientes de que las cosas tienen un precio y a nadie le extraña que un Mercedes Clase C sea más caro que un  Peugeot 207 o que una casa de 200 m2 en primera línea de playa cueste más que un pequeño estudio en las afueras. Los ejemplos serían ilimitados, aplicados a ropa, alimentos, ocio…y cada uno de nosotros optamos por unas cosas u otras en función de nuestro presupuesto o poder adquisitivo. ¿A quién se le ocurriría organizar una mariscada y decir al restaurante que solo puede pagar el equivalente a unas cervezas? ¿O reservar un viaje en un resort de lujo y pretender pagar lo mismo que en una pequeña pensión? Bueno, pues aunque parezca increíble en comunicación esto es cada vez más común!!

Y que conste que, hasta la fecha, tengo la suerte de seguir trabajando con empresas serias y responsables en este sentido. Soy un afortunado. Pero me voy dando cuenta de que empiezan a ser la excepción. A mi alrededor cada vez me encuentro con más situaciones en las que se piden campañas completas de comunicación (incluyendo los tan de moda “medios sociales”), con amplios equipos, total disponibilidad y mejores resultados (claro). Y todo ello a precios irrisorios, con el convencimiento de que por pagar un fee mínimo y “tener agencia” se obtenga derecho para todo. Es como si en un restaurante pagáramos una cerveza y -por el hecho de considerarnos clientes del local- nos creyéramos con derecho a servirnos una “barra libre” de forma gratuita. Sería absurdo.

Todo este circo solo se sostiene si ponemos un poco de cordura entre todos. Somos un sector de servicios. Aquí no se paga por “productos”, se paga por el trabajo intelectual de personas y equipos y eso supone tener que asumir unos sueldos (no altos, pero si al menos dignos), que permitan tener buenos profesionales que lleven a cabo un buen trabajo. Si llega un momento en el que lo que facturamos apenas da siquiera para pagar a la gente…qué sentido tendrá todo esto salvo la definitiva apuesta por la mediocridad.

Categorías: Agencias, Críticas, Gestión
Escrito por jorgelopezmc el 21 junio, 2006

Ayer descubrí un sitio que realmente me sorprendió. Me lo recomendaron el fin de semana y a la primera que pude, convencí a un cliente y me lo llevé a almorzar. Para gustos, colores pero creo que no me equivoqué y espero haber encontrado un refugio gastronómico-social para el futuro.

Gumbo (sito en la madrileña calle del Pez, 15) es un pequeño restaurante estadounidense que rompe con los tópicos: no se parece en nada a los Foster's Hollywood, Ribs y demás. A diferencia de los anteriores, Gambo -así se pronuncia en inglés la célebre sopa del estado de Luisiana-, huye de las hamburguesas requemadas para concentrarse en diversos platos de la cocina americana de los estados del sur. En concreto, de Luisiana. Y más concretamente, de Nueva Orleans.

La verdad es que no he tenido la suerte de estar por allí así que no puedo comparar una cocina con otra. Me da igual -para qué negarlo-. Lo que allí comí el martes merece la pena.

Lo grande de Gumbo es algo que no abunda -y que seguramente se acabará conforme el lugar se desarrolle-. Lo grande es que Mathew Scott -entre plato y plato-, salga a recibirte y a tomarte la comanda. Es un auténtico gusto que el cocinero te pregunte lo que vas a tomar e incluso te aporte su opinión sobre los platos.

Respecto a éstos, todo lo que probé me satisfizo. Los tomates verdes fritos, aunque una pizca salados, estaban muy bien. La ensala da de espinacas, también (tal vez yo cambiaría el queso azúl por otro de cabra o incluso un feta). Y el segundo: de miedo. Un mero con langostinos fantástico y ligero, ligero.

Los postres, pese a su buena pinta, no me atreví a probarlos… ¡El regimen!

Categorías: Críticas
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