¿Se puede fabricar a un candidato? ¿Es tan grande el poder de los medios? ¿Qué responsabilidad ética y moral tienen los consultores de comunicación? Son muchas las reflexiones que provoca Game Change, el docudrama (totalmente recomendable) sobre la carrera electoral norteamericana de la candidatura McCain-Palin en 2008. Había leído comentarios interesantes sobre la película y por fin pude verla el pasado fin de semana.

Connotaciones políticas aparte (ni el contenido de la película ni la fecha de estreno son gratuitos, ya que nos encontramos en pleno año electoral en EE.UU. y su productor ejecutivo es Tom Hanks, reconocido simpatizante demócrata), se trata de un análisis interesante de las complejas maquinarias de comunicación que acompañan a los candidatos.
Situaciones excepcionales requieren decisiones excepcionales y arriesgadas. Esta es quizá una de las conclusiones más interesantes de la película, aplicable sin duda a la estrategia de comunicación de cualquier empresa pública o privada. En muchas ocasiones parecemos empeñados en repetir las mismas estrategias y evitar el cambio cuando no hay nada más cierto que aquello de “si quieres conseguir resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”.
Un portavoz debe ser, ante todo, equilibrio. Equilibrio entre imagen y conocimiento. Espectáculo y experiencia. Teatralidad y competencia. Y nuestro trabajo debe tratar por igual ambas cualidades. El verdadero reto nos lo encontramos en los extremos. Todos conocemos mentes superdotadas que son incapaces de comunicar de forma brillante. Y del mismo modo, son muchos los ejemplos de “estrellas de la pantalla” que apenas pueden improvisar o salirse del guión establecido.
Game Change explora precisamente este segundo supuesto. Y es cierto que podemos pensar que ni la más poderosa maquinaria de comunicación fue capaz de “controlar” el efecto Palin, pero no podemos olvidar un factor determinante. Enfrente tenían a uno de los fenómenos mediáticos más impresionantes de la historia (Obama), ante quien todos los esfuerzos fueron en vano. Por eso me quedará siempre la duda de qué hubiera pasado si el candidato demócrata hubiera sido otro. Y me aterroriza intuir la respuesta.
Esta semana ha sido particularmente triste, pues recibimos noticias de que cerraban dos cabeceras con las que llevábamos años trabajando: TCN -arrastrada por la situación empresarial del cadavérico grupo editor MC Ediciones-, y Protiendas. Parece que los trabajadores de la segunda prevén reabrir la cabecera y liderar el proyecto en una nueva etapa al margen de Fopren, casa editora de la revista hasta hace bien poco. Ya se verá.
Los comentarios que se manejan en la agencia son lógicamente variados. Los más tal vez se dejan llevar por la nostalgia -o tal vez tengan algo más de sentido común que yo-, para sostener que estamos ante el fin del periodismo. Los menos pensamos que el periodismo no languidece. Tal vez esté arrastrando durante demasiado tiempo una losa demasiado pesada para los tiempos en que vivimos: el papel y los costes de su distribución e impresión. Son tiempos para gentes de pies ligeros.
Vaya este post en solidaridad para los que se quedaron sin trabajo. Para los que llevan tiempo sin cobrar. Para darles ánimos y decirles que el periodismo -la producción y difusión de información de utilidad para los ciudadanos, tal y como lo veo-, no está más muerto que otras profesiones. Puede que el soporte -el papel-, sí que esté muerto, sí. Puede que las herramientas y los canales de producción de contenidos -y los conocimientos técnicos-, haya que revisarlos. Puede que haya que pensar cómo volver a interesar a los ciudadanos para que consideren la labor periodística como algo por lo que merece la pena pagar (nunca demasiado; recordemos que el periodismo se paga si apenas te duele el bolsillo).
Según Social Bakers sólo en España hay 16 millones de usuarios de Facebook. 16 millones de consumidores de información a diario. También son productores de esa información y ese puede que sea el cambio del paradigma. Pero siendo razonables: ¿Quién puede hacer un mejor contenido: un profesional o un aficionado? Si la respuesta no resulta obvia, tal vez los profesionales de los contenidos (periodísticos o en sus lindes, como lo que hago yo) deban revisitar su obra y actualizarse definitivamente.
Cuando empezaba de periodista, me fijé en que una de los términos más utilizados en la redacción donde aterricé -particularente en las reuniones con los jefes-, era el, denominado, ‘tema’.
El tema variaba de semana en semana, de redactor en redactor; de día y de hora. El caso es que nuestra actividad se fundamentaba en él. En ellos, más bién. En los temas que cada semana vendíamos a nuestros superiores. Los temas -como habrá deducido el avezado lector-, eran las piezas informativas; los reportajes en los que estábamos trabajando y que competían entre sí por ocupar un espacio digno en la publicación.
El caso es que venta, competencia o espacio son términos con los que me he ido encontrando en mi carrera como consultor. Pero el tema apenas lo he escuchado en el entorno corporativo, salvo en conversaciones entre periodistas más pata negra que migraron hacia el entorno empresarial conservando las trazas periodísticas que mamaron en sus redacciones.
Sí que he encontrado -particularmente en la explosión del 2.0-, alusiones constantes a la importancia del contenido, y más lejanamente en el tiempo, a la relevancia de contar con una buena marketing story.
Sin negarle la razón a los embajadores de los términos mencionados anteriormente -yo mismo me apoyo en estas muletillas para enfocar algunos de mis argumentos-, me gustaría reivindicar la importancia del ‘tema’ para tener éxito en cualquier acción comunicativa. Rectifico. ¡Para tener éxito en cualquier ámbito de la vida! ¿Quien no ha tenido que inventarse contar una historia para salir con esa chica? ¿Para ir a esa entrevista de trabajo? ¿Para que sus padres lo dejasen salir más allá de la hora señalada?
A menudo, ocultos entre palabros a mitad de camino entre el glamour mal entendido y la farfolla mercadotécnica; ocultos tras los social media, twitter, facebook y hootsuites; nos olvidamos de buscar lo simple. A veces, acojonados ante la posibilidad de que un cliente nos falle, o se vaya a la tienda de enfrente donde seguro que le hacen las cosas mejor y más barato -de lo segundo siempre hay más que de lo primero-, nos olvidamos de buscarle el ‘tema’; el interés que su historia puede tener para tirios y troyanos. Y fracasamos, claro.
De cuando en cuando, la historia surge por sí sola. Es obvia, de tan especial. Pero a menudo, debemos buscar esa historia en la realidad de la empresa que nos contrata; entre las montañas de powerpoints que invaden nuestro correo electrónico, nuestra mesa de trabajo y, a menudo, ¡nuestra propia casa! ¡¡¡Aaarrrg!!
Nuestros clientes no nos pagan por redactar notas de prensa. Ni siquiera por gestionar una buena entrevista. O por generar inmejorables mensajes básicos.
Aunque no lo sepan, nos pagan por encontrar su historia y que ésta se buena, atractiva. Inmejorable. Y por repetirla y repetirla. Y contarla una y otra vez. Con matices. Por fascículos. Por etapas. Por “tierra, fax y aire” (cámbiese el fax por Facebook, twitter o la red social de moda en 2014). Y que esa historia sea tan interesante para que otros la escriban, la cuenten, la produzcan, la retuiteeen.
Y lo demás está de más.

Sólo queda decir que Descanse En Paz (o hasta nuevo aviso) y desearle una larga vida profesional a Miguel Ángel Muñoz, Óscar Laá y Raquel Arranz; principales damnificados editoriales del cierre.
Vayan estas líneas para darles ánimo a tres grandes profesionales, que confío en que rápidamente se coloquen.
Muñoz seguirá con su SER Digital y ya se ha incorporado a Movilzona. Del resto, no tengo tanta confianza para saber hoy qué pretenden hacer ni qué acomodo han encontrado.
¿No hubiese tenido Connect un hueco en el panorama mediático hispano si se hubiese internetizado
Reconozco que no me enteré del atentado de ETA ayer hasta esta mañana. Fue un día rápido (el de ayer) y sólo recibí la mala noticia a primera hora de la mañana, escuchando a Carlos Herrera y a sus tertulianos de cabecera (que muchas veces son los míos).
Hoy también era un día rápido, así que apenas pude ver la foto de Reuters en la portada de los grandes diarios, conmoverme, indignarme y preguntarme aliviado cómo fue posible que no hubiese víctimas mortales en el atentado de Burgos.
La radio también me trajo -a eso de las cuatro-, otro atentado en Mallorca. Esta vez, mortal para dos guardias civiles. Seguí con mi vida -y con la radio-, pues no me gusta que me pongan muchas fotos, ni vídeos, ni entrevistas a vecinos opinativos en las informaciones de tragedias humanas como ésta.
He llegado a casa y he conectado el ordenador. Al fin un tiempo de reposo. He leido algo del asunto (sólo leo www.elmundo.es para cosas de atentados patrios, no se por qué) y he dejado que el Twhirl hiciera su trabajo. Predomina un tema entre los “twitterers” hispanos a los que sigo; un trending topic de este microuniverso que es el Twitter: #ETAno.
En apenas unas horas, los mensajes han pasado de la sorpresa y la información directa del suceso -junto a un pequeño espacio para la opinión-, a opinar abierta y negativamente sobre el tratamiento informativo que daban a la noticia los medios de referencia en el mundo anglosajón.
Para resumir, se critica, y mucho, que medios como la CNN o la BBC sustituyan ‘terrorismo’ por ‘separatismo’.
Creo que consciente o inconscientemente, se quiere crear un tema de tendencia en twitter como el que se creo en Irán hace unas semanas. Con un matiz: casualidad o no, los mensajes en aquella ocasión se escribían pensando en el destinatario: los medios de comunicación anglosajones. ¿Y en que idioma se desenvuelve la mayoría de los medios de comunicación anglosajones? En efecto: en inglés.
Hace unos días, el Gobierno decidió abrir un canal de Twitter, no se si para ser modernos, para influir en la tuitesfera hispana o para mantenernos informados -o deformados, según se mire-.
El caso es que hoy y ayer eran los días perfectos -creo que debe ser para lo único que estos días pueden ser positivos de algún modo-, para definir los motivos de ese nuevo canal de información.
Según leo, nos cuenta como va la cosa. Nos dice de los esfuerzos de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Nos transmite que la Casa Blanca ha comunicado su apoyo público hacia esta nación -¡Qué menos!-.
Pero se olvida de que ha dejado parte del futuro inmediato de la economía y la propia imagen de un país a los corresponsales de los grandes medios de comunicación anglosajones. A periodistas que hablan español -presupongo-, pero que producen lo que ven y oyen en otra lengua. Y lo que ellos producen, tamizado por las necesidades de los medios en el país de origen, lo escuchan, lo leen y lo ven otros compatriotas suyos de país o de lengua.
¿Me puede alguien explicar por qué el gobierno de este país no es capaz de esforzarse por trasnmitir su mensaje al exterior en la lengua que sea oportuna? ¿Quién se lo impide? Ya no hay monopolio de los medios de comunicación. Cualquiera puede emitir un programa de radio o escribir un artículo si tiene acceso a un ordenador y a Internet. Si queremos explicar directamente al público angloparlante en Estados Unidos, la India, Canadá o Escocia, que ETA es una banda terrorista -no separatista- y que sus objetivos han sido, en esta ocasión, militares, ¿Qué o quién nos lo impide, salvo nuestro provincianismo y afán por mirarnos el ombligo?
En el Reino Unido llevan así años. En gran parte de EEUU, también. No es un problema español. El problema está en que nuestro idioma no predomina en los consejos de dirección -entre los que incluyo a los grandes medios de comunicación internacionales-. El problema reside en que no hablamos la lengua referente. No nos la enseñan en el colegio. Así que nuestro #ETAno nunca lo entenderá mi colega de Manchester. Necesitará un intérprete. Ese que decide colocar ‘separatista’ en lugar de ‘terrorista’.
Por cierto, si buscais ETA y BBC en el Google y en español, la primera referencia es una artículo en inglés de 2008 en el que se explica qué es ETA… Claramente, una banda separatista. Desde el mismito titular. ¿Qué tal algo de SEO para variar?
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