Aunque lo parezca, no es una pregunta de fácil respuesta. Durante los últimos años, estamos siendo testigos del imparable aumento en el número de campañas de comunicación y publicidad en las que todo tipo de empresas comparten con sus públicos (consumidores, usuarios, accionistas, empleados) las últimas iniciativas que han llevado a cabo para hacer de este planeta un mundo mejor, más limpio, ecológico y solidario.
La ética de la responsabilidad social se ha convertido en uno de los principales reclamos comerciales y es un factor clave para dar forma a la imagen corporativa de una compañía. Pero, ¿es auténtico todo lo que se nos cuenta? Y en el caso de que no lo sea, ¿influye realmente en la decisión de compra de los consumidores?
Hemos podido leer noticias de campañas publicitarias supuestamente engañosas sobre “energía verde” o críticas vertidas a diferentes empresas por su supuesto uso de mano de obra infantil en fábricas de países orientales. ¿Han influido estas noticias en la decisión de compra de los consumidores? Como decía anteriormente, la respuesta no es sencilla. En justicia, debería depender, ante todo, de la veracidad de las supuestas irregularidades, ya que nadie debería pagar por algo que no ha hecho. Pero en caso de que todo fuera cierto, quiero creer (y aquí expreso una opinión personal) que debería influir, aunque la vertiginosa dinámica del mercado y la tiránica evolución de la “agenda de los medios” acabe por “engullir” todo aquello que no sea de máxima actualidad.
Desde el punto de vista comunicativo la estrategia es muy clara. Es importante compartir con nuestros públicos todos nuestros esfuerzos por colaborar con el entorno pero sin olvidarnos de unos factores clave: transparencia, honestidad y confianza. Lo que no responda a estas tres premisas acabará, a medio o largo plazo, provocando un efecto contrario. Además, si queremos ser auténticos, no basta con apoyar financieramente ciertas iniciativas solidarias, comunicarlo y mirar para otro lado, satisfechos. Es necesaria una implicación real, que suponga la participación activa en proyectos humanitarios y que impregne a la política de la compañía. Y esto es válido tanto desde el punto de vista empresarial como personal, ya que la búsqueda de ese mundo más limpio, ecológico y solidario empieza y acaba en todos y cada uno de nosotros.

No les culpo. Generalmente, las empresas que contratan los servicios de una agencia son más grandes, más estructuradas, más sólidas y sus negocios parecen más estables. ¡Dios mío! ¿Qué hago trabajando en una agencia?
Nadie nos cuenta en franqueza, una vez dado el salto, cómo se ve la vida desde el otro lado. Es casi como cuando se te muere alguien cercano. Todos tristes pero no hay forma de saber si, pese a las alabanzas sobre el finado en el velatorio, le tocó cielo, infierno o limbo.
La persona en cuestión suele ganar más dinero (un poco más), a veces dispone de mejores horarios (sólo a veces) y ocupa una parcela de poder que antes no tenía: la de administrar a la/s agenciaaaaa/s (!!!) Y los de la agencia a veces sienten que su excolega de fatigas les mira un poco por encima del hombro. No les culpo. El modelo tradicional de construcción de una agencia en España se basa en sueldos reducidos, muchas horas de trabajo, toneladas de presión gratuita y jefes ausentes más preocupados por poner los pies sobre la mesa de su escritorio que de ayudar a sus equipos a tener éxito y a vivir un poco mejor. (¡Dios mío! ¡Dirijo una galera!)
Curiosamente, estos buenos profesionales emigrados, acaban apoyándose en una agencia pese a que han demostrado con creces que son capaces de lidiar no con una sino con cuatro o cinco cuentas de tamaño considerable y a la vez. ¿Por qué?
1. En una agencia sabes que casi todo el personal trabaja en el mismo sector o en sectores que se tocan continuamente. El intercambio de experiencias y conocimientos te permite estar modestamente a la vanguardia de lo que se cuece en el sector. La formación práctica toma un papel muy importante pese a que los de agencia demos este valor por supuesto en cualquier organización.
2. En la agencia vales lo que vale la facturación de tus cuentas, junto con el desempeño y lo satisfechos que estén tus clientes. Tienes un peso real sobre los números de tu organización. En el cliente, eres el “bicho raro”. Si un director de negocio se te pone tonto en el lado del cliente y pone sus reales sobre la mesa, casi siempre te la tienes que envainar. Salvo que tu consejero delegado sea un visionario.
3. El marketing y las PR son como el fútbol: todo el mundo opina y todos tenemos un consultor-entrenador dentro (luchando por salir y hacer la alineación). ¿Que prefieres: discutir de lo tuyo con otros técnicos o con aficionados? ¿Se te ocurriría discutir de balances contables con tu director financiero? Pues eso. ¿Por qué no ocurre al revés?
4. En una agencia, tu cliente es sólo tu cliente. Nada más y nada menos (el servicio es lo más importante). Ni es tu jefe ni tiene por qué serlo. Conviene recordar que todos somos mejores jefes de puertas para afuera. Si contratase más amigos para trabajar para mí, claramente, tendría menos amigos.
5. En la agencia nunca te aburres. No hay tiempos muertos. Si un cliente está durmiente
Como decía aquél, estos son mis principios y si no, tengo otros. Seguramente haya más (y más poderosas) razones a favor y en contra de lo que planteo. Aquí os lo dejo.
Hoy anunciamos nuestro granito en Responsabilidad Social Corporativa (RSC)
Para no llenarnos la boca de palabros, hemos decidido predicar con el ejemplo. Algo que creo resulta más valorable en estos tiempos recesivos en los que parece que sólo hay recursos para intentar ganar dinero a corto plazo.
Desde hoy mismo, colaboraremos con la Fundación Cibervoluntarios ayudándoles a dirigir y coordinar sus acciones de comunicación y Relaciones Públicas (RRPP) en e-STAS, un symposio dedicado al uso de las tecnologías para la Acción Social (el 26 y 27 de marzo en mi provincia: Málaga)
Pretendemos apoyar esta iniciativa -que alojará el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga-, bajo el título: Innovación para el empoderamiento de la Ciudadanía con el objetivo fundamental de impulsar y fomentar el uso de las nuevas tecnologías en pro de la acción social y del desarrollo humano.
Ni que decir tiene que el tema nos pone. Será una oportunidad única de conocer a más de 200 expertos y profesionales del ámbito tecnológico y social, como Jack Dorsey, Fundador y Presidente de Twitter, John LeSieur, CEO de PeopleCD y creador del ZacBrowser, Kenneth Banks, Fundador de Kiwanja.net o Tapan Parikh, hombre del año 2007 por la revista Technology.
En nuestra modesta medida, vamos a colaborar para que la RSC deje de ser una etiqueta y se convierta en una realidad integrada en la actividad de las empresas.
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