Artículos en " Sin categoría "
Escrito por Juan Carlos Alonso el 26 marzo, 2012

Los memes o fenómenos de internet son aquellos contenidos que se producen por y para la red y se extienden de forma viral.  Y conviene recordarlo porque nunca han estado tan de moda como ahora. Estos días hemos sido testigos de cómo uno de ellos, Kony 2012, se ha convertido en la campaña de vídeo con el mayor crecimiento de la historia: en apenas seis días alcanzó la cifra de 100 millones de visualizaciones y se han escrito cientos de opiniones, críticas, valoraciones y comentarios sobre su estructura, su capacidad propagandística, su honestidad, lo ético o no de utilizar estos métodos, etc. No obstante, desde el punto de vista de la comunicación creo que es importante destacar dos elementos. Primero, qué es lo que convierte a un vídeo en un fenómeno de masas y segundo, qué es lo que le hace traspasar las fronteras de lo digital para motivar un comportamiento.

Imagen de previsualización de YouTube

La verdad es que tengo que reconocer que lo primero que me sorprendió es que hiciera falta una campaña como ésta para llevar a la opinión pública un personaje tan “conocido” como Joseph Kony. Y eso generó en mí otra reflexión importante: ninguna campaña debe dar por sentado lo popular o no que es una idea basándose solo en las percepciones o conocimientos de sus creadores.

Me ha encantado leer algunas reflexiones de los autores del vídeo afirmando que se habían preguntado muchas veces por qué documentales, campañas y videos altamente cuidados no conseguían la mayoría de las veces ningún tipo de resultados y, al mismo tiempo, un vídeo de dos bebes balbuceando o un gato tirando de la cadena, sobrepasan fronteras y rompen los records de viralidad. Creo que aunque evidentemente hay complejas técnicas propagandísticas detrás, lo principal es apelar a la simplicidad, la emotividad (cuanto más primigenio sea el sentimiento que despiertan, mejor) y saber elegir el momento.

Pero lo que creo que juega un papel clave en todo esto es uno de los factores que toda buena campaña de comunicación debería incluir. No basta con explicar, detallar o denunciar carencias. Ante todo debemos crear productos “cerrados”, ofrecer soluciones, con las que demos a nuestras audiencias no solo una visión del mercado, los retos y las opciones que tienen a su alcance, sino también una serie de pasos claros a tomar…una invitación a la acción, inmediata y definitiva. Y todo ello con un lenguaje sencillo y directo, sin matices marketinianos, apelando al sentimiento más devastador del mundo: nuestra humanidad.

 

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Escrito por David Espinar el 15 noviembre, 2011

Ante todo, quiero agradecer la ocasión que se me ha dispensado de poder compartir con todos mis opiniones sobre, especialmente, el delicado mundo de la Responsabilidad Social Empresarial, o Corporativa, a elegir. En el momento actual, donde la economía y la política van de la mano hasta el punto de que se ha producido la disolución de los resultados electorales de al menos dos sólidas democracias por la cuestión financiera, los compromisos socialmente responsables de los gobiernos son escasos, en especial, los de los países mediterráneos.
Aunque la palabra Empresarial define, como bien se puede suponer, a las empresas, no es menos cierto que las administraciones públicas tienen clientes, trabajadores, proveedores, créditos, riesgos reputacionales y medioambientales, etc. Es decir, que funcionan como empresas pese a que la elección de sus presuntos comités de administración difiera de las prácticas empresariales. Ante esta realidad, y sin discutir el evidente poder de las compañías privadas en la vida cotidiana de todos, es muy lamentable la falta de compromiso, voluntad, desarrollo, inquietud y fomento que las administraciones públicas hacen de la RSE.
De hecho, los esfuerzos de la Unión Europea van más hacia la regularización que hacia el establecimiento, y países como España divagan en un océano de incertidumbre, falta de información y sectarismo sindical que, en el caso de la RSE, no tiene ninguna relación con lo que verdaderamente persigue este concepto. Por todo ello, no debe extrañar que mientras Suecia, Alemania, Holanda, Reino Unido, Singapur, Canadá y tantos otros países redactan libros, manuales y documentación general sobre estas cuestiones, ninguno de los dos candidatos principales y escasos de los segundones a la presidencia del gobierno español hayan mencionado, casi ni de pasada, sus aspiraciones en torno a la RSE.
Posiblemente con más responsabilidad se habría afrontado esta crisis de otro modo: ni las familias, ni las empresas ni los administraciones funcionaron con buenas prácticas ni transparencia. Se miran con esperanza los cambios que supuestamente la vieja Europa va a acometer por el bien de sus ciudadanos, pero se comienza con manipular los resultados de algo tan sencillo y transparente como son unas elecciones. Quizás en España no haya tantas sonrisas si, dentro de seis meses, la Unión Europea recomienda y fuerza la salida del presidente de turno. ¿Dónde estaría la Responsabilidad?

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